¿Cómo afrontar las consecuencias emocionales de la pandemia?

 

Artículo de opinión del Dr. Xavier Fàbregas Pedrell publicado en el diari de Girona el 29 de marzo del 2021.

En las últimas semanas seguro que habéis leído muchas informaciones que explican el aumento de las patologías psiquiátricas desde que sufrimos la pandemia de la covid-19. Ya hace un año (y parece mucho más tiempo) desde que la vida se nos giró del revés y tuvimos que encerrarnos en casa, dejar de llevar los niños al colegio, abrazar a nuestros ancianos, quedar para cenar con los amigos, bajar la persiana del negocio con la angustia de no saber cuándo podríamos volver a trabajar.

De manera repentina todo se paró y empezamos a recibir instrucciones, a veces contradictorias, de lo que teníamos que hacer. Se hablaba de resistir, de combatir un enemigo que no podíamos ver y nos agobiaban cada día con cifras dramáticas de enfermos y de muertes a las cuales muy pronto se sumaron las cifras de parados, de negocios que cerraban, de millones de dinero perdido y las imágenes desoladoras de calles vacías y hospitales llenos.

No es extraño que esta forma de gestionar este escenario apocalíptico tuviera como consecuencia un incremento directo de las patologías asociadas al sufrimiento: ansiedad, depresión, angustia, etc.

 

¿Podemos gestionar mejor las emociones?

 

Gestionar correctamente las emociones será la herramienta básica para adaptarnos a los miedos y las incertidumbres y soportar unos tiempos difíciles que un día u otro se acabaran. En primer lugar, hay que entender que el sufrimiento es una respuesta lógica a situaciones jodidas. No sería normal no sentir malestar al enfrentarnos a situaciones tristes o desagradables. Es adecuado sentirnos tocados cuando las cosas van mal. Dejemos de lado la recomendación de poner buena cara al mal tiempo para permitir una expresión ordenada de los sentimientos negativos. El segundo paso es hacer un recuento realista de los daños sufridos. Hay que discernir entre lo que ya nos afecta de lo que podría pasar. Hacer anticipaciones de posibles escenarios catastróficos nos impide actuar sobre las necesidades actuales. A diferencia de lo que pasa después de una guerra o de un terremoto, en que las estructuras básicas quedan malogradas y se tienen que reconstruir, seguimos teniendo la capacidad de volver a poner en marcha apenas se pueda. No salimos de viaje o a cenar porque no se puede, y no nos abrazamos porque ahora no toca, pero cuando se dé el pistoletazo de salida lo volveremos a hacer con todas las ganas. Algunas cosas no las podremos recuperar. Otras pérdidas las llegaremos a compensar. Se ha demostrado en la pandemia que las cosas verdaderamente importantes no eran las que pensábamos.

 

Tenemos la oportunidad como especie de aprender de los errores y que el mundo se haya parado temporalmente, debería permitirnos repensar cómo queremos volver a ponernos en marcha.

 

Necesitamos recuperar un estado del bienestar inclusivo, que no deje a nadie atrás, y cambiar todo lo que no nos ha servido cuando ha hecho falta. Hay muchísimos ejemplos de solidaridad, de profesionalidad y de humanidad durante este oscuro trayecto. Enfrentemos los retos con optimismo porque se ha demostrado que tenemos la capacidad y la fuerza. Aceptar que somos vulnerables, pero resilientes. Solo hay que repasar la historia personal de cada uno, que seguro que está llena de momentos difíciles, de miedos y de pérdidas que hemos ido superando. Mirando atrás encontraríamos otras muchas épocas en las cuales vivir había sido más difícil. Recuerdo haber visto en el museo vikingo de Dublín la momia conservada de una chica de unos veinte años del siglo XII que mostraba un puñado de señales de enfermedades y sufrimientos impensables hoy en día en la mayoría de personas de su edad. Al mensaje pesimista que nos bombardea cada día, tenemos que oponer la conciencia de nuestra capacidad de hacer. Hemos estado capaces de afrontar muchos momentos personales complicados y no nos tenemos que sentir abrumados por los problemas generales porque podemos usar soluciones particulares.

Tenemos una red próxima de personas queridas con las cuales tenemos que interactuar para compartir. Volvemos a ser una sociedad solidaria y comprometida, y tejer conexiones nos refuerza. ¿Qué puedes hacer cada día por ti y qué puedes hacer cada día para los demás? Estamos jodidos, pero estamos vivos.

 

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