¿Podemos aprender a vivir con el estrés y el malestar?

Actualmente abundan publicaciones, cursos, terapias y fármacos entre otros “inventos”, con o sin base científica, que nos invitan a vivir sin estrés (sin miedos, preocupaciones, sufrimiento, dolor, tristeza, etc.). Sin embargo, la idea que hoy queremos introducir desde esta publicación en nuestro blog es todo lo contrario: aprender a vivir con el estrés, malestar, etc.

Aprender a vivir con el estrés, es contemplar las situaciones estresantes de la vida como una oportunidad, para desde la aceptación de este sufrimiento, orientar nuestras acciones hacia aquellos objetivos que consideramos valiosos o que dan significado a nuestra vida.

Algo que cobra sentido si tenemos presente de que el elemento problemático de la experiencia de estrés es la evitación de este, porque mientras tratamos de que no nos afecte emocionalmente, no lo afrontamos y de esta manera, le otorgamos el poder para mantenerse a lo largo del paso del tiempo sin poder suprimir sus efectos limitadores.

Llevar al extremo la evitación de pensamientos, sentimientos, emociones y sensaciones que nos resultan desagradables, a largo plazo comporta que acabemos perdiendo el rumbo o dejando de caminar hacia los objetivos de nuestra vida. Este fenómeno se da cuando centramos nuestra vida en evitar el sufrimiento (algo que ciertamente es inevitable) dado que mientras lo hacemos, estamos abandonando y/o  vamos posponiendo otros objetivos que sí que son realmente factibles, a la vez que importantes en nuestra vida para cuando ese sufrimiento este resuelto.

Además, tenemos que tener presente que más que el estrés en sí mismo, el sufrimiento o el dolor, en la mayoría de ocasiones el problema se encuentra en las acciones contraproducentes que la persona lleva a cabo en el intento de evitarlo o suprimirlo. Por ejemplo, el tipo de evitación descrito es una de los mecanismos compartidos entre muchas personas con adicciones a sustancias o conductas. Concretamente, utilizando el consumo de sustancias o la conducta en cuestión como una estrategia reductora del sufrimiento (paliativa).  

De esta forma, se hace evidente que la exposición y el afrontamiento activo del estrés son necesarios para aprender a convivir con él  pero tal y como ya se ha explicado, lo que hoy queremos remarcar es la necesidad de aceptación de este. Es decir, poner el acento en que tenemos que ir más allá de la exposición a los factores de estrés para conseguir la extinción de las respuestas condicionadas de ansiedad. Dado que la aceptación comporta ponernos en marcha en la dirección de lo que consideramos valioso en nuestra vida sin tener que esperar a eliminar el sufrimiento.

Así, desde este enfoque, el camino terapéutico a construir será el de fomentar el compromiso que tenemos hacia nuestros valores y así, afrontar nuestras problemáticas desde esta perspectiva en vez de anclarnos en querer acabar con el sufrimiento que nos trae a la consulta.

Para concluir  con esta publicación, os queremos dejar con un pequeño texto para la reflexión personal:

“No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a las personas y países porque la crisis trae progresos.

La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura.

Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias.

Quien supera la crisis se supera a si mismo sin quedar “superado”. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El problema de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones.

Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía.  Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada una, porque sin crisis todo viento es caricia.

Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla.”

(Albert Einstein)